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viernes, 29 de abril de 2011
La familia Cebolleta
El dibujante y guionista Manuel Vázquez aportó creaciones innumerables y variadísimas a la historia del tebeo humorístico español. Una de las series más reconocidas fue La familia Cebolleta, de larga trayectoria y gran calado en varias generaciones de lectores.
La primera aparición en público de La familia Cebolleta se dio en las páginas de El DDT, en 1951, constituyendo la gran aportación de Vázquez a la historieta española de la década, sólo dos años después de crear Las hermanas Gilda, su otra serie estrella de la época. A lo largo de su dilatada historia, el aspecto de los personajes se modificó sensiblemente, acompañando al cambio de estilo de su autor, que fue modernizándose hasta alcanzar una sencilla madurez expresiva a finales de los años 70, tras los que Vázquez no volvió a dibujarlos.
Esta creación continúa la tradición historietística española de reflejar las andanzas de los miembros de una familia, como ya ocurría con La familia Ulises, de Joaquín Buigas y Marino Benejam, que apareció en el TBO en 1944, y La familia Pepe, de Juan García Iranzo (1947), esta última publicada en el Pulgarcito de la editorial Bruguera, donde también colaboraba Manuel Vázquez.
En este caso se trata de un grupo integrado por el cabeza de familia, Rosendo Cebolleta, calvo, con bigote y pajarita; su esposa, el ama de casa Leonor (antes, Laura); su pequeño hijo Diógenes, que cambiará radicalmente su aspecto, de calvito con gafas a travieso rubio; y Jeremías, un loro parlanchín algo cínico, que como el José Carioca (1942) de Disney, no se separa de su cigarro puro. También forma parte de la familia (y aparece en contadas ocasiones) una hija mayor, Pocholita o Lolita, ejemplo de dibujo de joven atractiva de la editorial Bruguera.
Pero sobre todo, destaca por su personalidad el recordado abuelo Cebolleta, padre de Leonor, con barba, bufanda, bastón y un pie vendado, cuyo único afán es relatar sus supuestas peripecias en batallas del pasado. Como es bien sabido, el tiempo que ocupa el anciano en hablar de sus hazañas se alarga hasta el infinito, y todos a su alrededor intentan escabullirse como pueden del torrente de palabras.
Con ser ése el recurso humorístico más recordado de la serie, ésta no se agota aquí. De hecho, y sobre todo en sus últimos años, el verdadero y muchas veces único protagonista es Rosendo, que siempre tiene problemas con su jefe en la oficina donde ejerce su trabajo administrativo (y perfecciona su afición por las pajaritas y los aviones de papel). Otra característica continuada es la casi nula interdependencia entre los miembros de la familia, que van cada uno por su lado, y que cuando se relacionan es para que surja un conflicto. Una diferencia clara respecto a otras creaciones similares, en especial La familia Ulises, que solían compartir en grupo sus desventuras.
La puesta en solfa de una de las sacrosantas instituciones del franquismo (familia, municipio, sindicato) es ciertamente leve; aunque el carácter iconoclasta del autor puede hacer ver la cuestión desde el otro lado: llegaba hasta donde la dictadura le permitía.
Tanto la burla de la familia como la de las condiciones draconianas de trabajo se suavizaron a partir del recrudecimiento de la censura en 1955. La atractiva hija mayor apareció por última vez en 1956, muy probablemente debido a estas circunstancias.
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